El dolor de cabeza acompañó la lectura en todo momento, lo que en cierto modo le daba su propio toque demencial a este libro, que, como todos sabemos, fue censurado en los Estados de arriba (no por su gran sentido del humor y su maravillosa manera de relatar lo que atormenta a este joven).
Comencé el libro sin tener mucha noción de lo que leería, gracias a esto después de los primeros dos capítulos comencé a creer que el libro no sería de mi agrado. Su manera de narrar y el estado mental de quien era protagonista (evidente en el inicio pero suavizado por los siguientes capítulos) producían en mí unas ganas de dejar de leer e ir a encender la manguera de mi patio delantero para crear un arcoíris. A medida que avancé Holden se volvía más amigable, ahora que lo pienso lo más probable es que yo me haya vuelto parecido a él y no él a mí. De todas maneras el libro daba a conocer la personalidad e íntimos pensamientos de este adolescente con el que todos los lunáticos se sienten identificados de manera bastante peculiar, suave pero caótica, ordenada en su modo, desquiciada en otro.
Después de leer este texto encontré en internet una sección
de la película Six Degrees of
Separation en donde Will Smith deleitaba con su opinión del libro (me costó
entender si el afroamericano estaba solo revolviendo el gallinero de los
cuicos).
Si mi misión fuera recomendar el libro lo haría de todas maneras.
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