martes, 11 de junio de 2013

Quien da luz no es la Luna


 Hoy la noche está oscura, nunca me ha gustado decir oscura, me gusta decir obscura, pero a esta altura todo el mundo me corrige. Hay noches claras, iluminadas por una luz que parece no estar realmente ahí, una luz omnisciente pero sutil, silenciosa y tranquila. La luz que la luna refleja es la que el sol proyecta, y aun así es completamente diferente. Las noches que son iluminadas por La Blanca siempre son tranquilas, o por lo menos parecen serlo, bajo esa luz no hay alboroto alguno. Las noches sin brillo, producidas por la posición inoportuna del satélite, son densas, pareciera que todo lo que anda mal con la sociedad está desarrollándose en alguna parte del mundo en la que a alguna joven le están robando el bolso o alguna familia está llorando la muerte de un ser querido, a lo menos.
 Aun así no es culpa de la Luna, no es ella quien nos da luz, pero si es ella quien hace posible que haya noches tan claras que uno se sienta a gusto en cualquier parte que las sombras gobiernen.
 Hoy es una noche obscura, y no me gustan las noches así, por más linda que se vea la Luna nueva no hay nada como una noche iluminada, en la que uno sabe, o más bien siente, que todo estará bien, una de esas en la que miro por la ventana y veo el patio de mi casa con toda claridad, una noche en la que después de mirar el cielo y ver esa Luna iluminada, grande, resplandeciente, agujerada, redonda, blanca, ahí brillando, uno se acuerda de algo, de lo que sea, siempre algo lindo, no hay ningún recuerdo feo que uno tenga relacionado con esa Luna grande y vigilante.

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