sábado, 22 de junio de 2013

La fascinación de la naturaleza humana

 No puede ser llamado de otra forma el simple hecho que ocurre cuando se camina hacia tu destino, al que debiste haber llegado diez minutos antes, y tener la disposición de cruzar la calle pero que esta sea estorbada por una ambulancia resonante que se apodera de la calle a una velocidad impresionante, que no impresiona por sobrepasar las reglas que todos usualmente quebrantan bajo los efectos del alcohol, sino por su lentitud frente a la roja luz que solo llama la atención de quienes por obligación deben respetarla.

 Caminaba bajo las luces que iluminaban la calle, o que por lo menos deberían hacerlo, cuando me aproximé a un semáforo que de rojo pasó al color verde. Casi sistemáticamente escuché el sonido de una ambulancia que se aproximaba por la calle de un solo sentido que yo pretendía cruzar. Y ahí me mantuve, dirigí mi vista hacia el lugar de donde venía ese sonido muchas veces insoportable y vi emerger una naranja ambulancia, que venía a una velocidad prudente, pero que al llegar al lugar de la intersección, bajó su velocidad. Pasó frente a mí como burlándose, como diciendo: "Yo también puedo tomar un descanso mientras trabajo, ¿o no?". Cuando pasó se desvaneció, creo que doblando por la cuadra siguiente, no estoy seguro. En ese momento la luz cambió a roja y ahí me mantuve.

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